jueves 18 de septiembre de 2008

A las 20:00 horas.


Agarro mi monedero, busco las llaves, me dirijo hacia la puerta de entrada, y en ella un pequeño imprevisto... el cerrojo que la cierra en su parte superior estaba cerrado, lo abro, salgo de ahí, cierro fuerte la puerta. Continuo hacia el portón, saco mis llaves, esta oscuro... no logro distinguir mucho. Intento abrir con la llave equivocada, no abre, escojo la llave correcta, lo estoy abriendo, y...

¿A dónde vas? -Dice ella con los ojos llenos de lágrimas.
A comprar. -Digo con firmeza.
¿Qué cosa?
Un chocolate.

Y lo dije con tal convencimiento en mi misma, que al parecer sí me creyó. Y luego continuó...

No hay nada abierto. -Dijo insegura de lo que decía.
A... -Dije yo, y me entré resignada.

Resignada guardé mi monedero y las llaves, resignada abrí, nuevamente, el cubrecama, me tapé con él, saqué el cuaderno y el lápiz que había dejado hace un rato en el velador junto a un libro, un libro que se llama "Cien años de soledad", un libro que aún no he terminado de leer, de pura flojera, de la pura ansiedad que tengo, que como y como... y es lo único que sé hacer, y luego de haberlo hecho no me quedan ganas de hacer algo productivo, o lo que sea, no quiero hacer otra cosa que recostarme y dormir, o volver a comer...

¿Qué sucede? ¿Qué me sucede?

Hoy me he puesto los jeans rotos, me he puesto las converse que desde 7º vengo usando, el polerón marca NBA negro... y rojo su bordado parecido a los thundercats. Hoy me he cubierto el brazo con una pañoleta roja, me lo he cubierto porque no quiero verlo más, no quiero ver más ésas horrendas cicatrices... que no sólo son superficiales, sino que también son marcas de dolor, de sufrimiento, guardo en cada herida algo distinto, un silencioso grito...
Y me enloquece, más, el segundo motivo por el cual lo he cubierto, sí... me atormenta, vuelven a mi los recuerdos, los malos momentos que aún no puedo borrar, que aún no puedo extirpar de mi memoria, que aún no puedo superar.

No soporto ser así, no soporto tener éstas cicatrices, no soporto la idea de que todos crean que no soy la misma de antes, que ya no suelo luchar por lo que quiero, que ya no suelo obtener buenas calificaciones, que ya no suelo preocuparme de mi aspecto físico, por el qué pasará... si ésto o aquello. Soy una mala hija, lo soy, sabiendo todo el dolor que está sintiendo mi madre... le sigo haciendo peor, la sigo haciendo sufrir, sigo siendo un estorbo... y con más peso aún.

Y... ¿Hacia dónde iba hace un rato atrás? ¿Hacia dónde? Pues precisamente, ni yo creo lo que diré, iba a comprar, sí... era verdad, yo iba a comprar, pero no un chocolate... sino que una leche helada sabor chocolate. Sí, éso quería tomar, pero ya ven... ni siquiera éso pude tomar, porque los negocios están cerrados... porque mi madre me lo dijo, porque... porque hoy es 18 de septiembre, y como nunca lo he hecho... me quedé en casa, recostada en mi cama, sí.

Y por el maldito 18 los negocios están cerrados, por el maldito 18 no pude tomar mi leche helada, y quizás por el maldito 18 estoy así... No lo sé, y tampoco lo sabré.